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Need for Speed Shift
Nuevo título de la
conocida saga de conducción de EA que apuesta a ofrecer
una experiencia más realista y basada en la simulación
de carreras. El juego se desarrolla en circuitos reales y en carreras
urbanas ficticias.
A la hora de sentir un videojuego
como simulación hay que aunar una serie de elementos de
forma hábil para conseguir una unidad, un todo que esté
a la altura y que transmita la realidad y la veracidad de un vehículo
de la mejor forma posible. Esto es precisamente lo que trata de
hacer Shift, y para ello juntará con habilidad la cámara,
el sentido del peso, unas colisiones muy cuidadas y una maniobrabilidad
mucho más depurada que en episodios anteriores.
Need for Speed Shift se
planta de lleno dentro de algunos de los circuitos más
famosos del planeta (15 en total), como Laguna Seca, Brands Hatch,
Spa Francorchamps y el temido "Infierno verde" de Nordschleife.
También hay circuitos callejeros ficticios como los de
Londres o Japón. Lejos quedaron las persecuciones policiales
como en Need for Speed Most Wanted o el estilo "Rápido
y Furioso" de Need for Speed Carbono.
El videojuego incluye más de 70 vehículos
diferentes en total, con presencia de clásicos, exóticos,
deportivos, etc. Cada uno de ellos está representado con
una calidad visual formidable y con mucha una atención
al detalle. Todos estos coches se manejan de forma diferente unos
de otros, y además, sufren también de forma distinta
los daños que les provoquemos, no reflejándolos
únicamente en la carrocería, sino también
en su rendimiento si lo chocamos.
Por si fuera poco uno de los mejores aspectos
del videojuego es su espectacular forma estética de recrear
las colisiones. Al chocar, la cámara se sacude con inusitada
violencia, nuestra visión se vuelve borrosa, y parecemos
ver un cegador fogonazo de luz blanca.
La cámara y su presencia es una constante
en Shift, y lejos de tratar de hacernos olvidar que estamos viendo
todo a través de los ojos de una perspectiva, en Electronic
Arts tratan de sacar partido de ella en todo momento con un empleo
muy adecuado. Al acelerar bruscamente, por ejemplo, la visión
parece empujarnos hacia atrás de una forma muy notoria,
y si frenamos el efecto es precisamente al revés.
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